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11 de julio de 2011

Bazedoxifeno: un tromboembolismo venoso profundo por cada cinco fracturas vertebrales radiológicas evitadas

Bazedoxifeno es un medicamento que, aunque fue autorizado por la EMA en abril de 2009, no se comercializó en nuestro país hasta finales del año pasado. Está indicado en el tratamiento de la osteoporosis postmenopáusica en mujeres con riesgo incrementado de fracturas.

Ya en el capítulo de la GFIB publicado en abril-junio de 2009 se analizó su lugar en la terapéutica de la osteoporosis, sin que fuese seleccionado como uno de los medicamentos recomendados. Y a pesar de ello, en nuestra comunidad autónoma la prescripción de bazedoxifeno se encuentra en claro ascenso y desplazando a la de raloxifeno, como puede observarse en el siguiente gráfico:



En vista de este desplazamiento del consumo, nos interesa conocer si realmente bazedoxifeno supone algún avance terapéutico respecto a raloxifeno, máxime teniendo en cuenta que el coste mensual del tratamiento con raloxifeno es de 20,64 € y con bazedoxifeno de 34,41€. De modo que hemos seleccionado un informe de evaluación de este medicamento, en este caso de nuestros compañeros de Navarra, el cual no ofrece mucha más información que la recogida en el capítulo de la GFIB, puesto que apenas se ha generado evidencia tras la autorización del medicamento por parte de las agencias reguladoras. El único ensayo fase III realizado con bazedoxifeno incluye 7.492 mujeres posmenopáusicas con osteoporosis y mayores de 55 años. Los criterios de exclusión descartaron mujeres con síntomas vasomotores, con historia de enfermedad tromboembólica, con hipercolesterolemia o hipertrigliceridemia. Las mujeres incluidas se aleatorizaron en cuatro brazos de tratamiento: bazedoxifeno 20 mg, bazedoxifeno 40 mg, raloxifeno 60 mg o placebo. Las pacientes recibieron suplementos de calcio y vitamina D. A los tres años de tratamiento, bazedoxifeno 20 mg consigue una RAR= 1,7% (NNT= 59 a tres años) respecto a placebo en la reducción de fracturas vertebrales morfométricas (diagnosticadas por métodos radiológicos), sin observarse diferencias entre los resultados de bazedoxifeno y raloxifeno. Es difícil valorar la trascendencia clínica de los resultados de este ensayo y el cómo trasladarlos a la práctica clínica.

Hay que tener presente que bazedoxifeno no ha demostrado eficacia en la reducción ni de fracturas clínicas, ni de fracturas de cadera, ni de fracturas no vertebrales.

Pero, a pesar de esta limitada eficacia en la reducción de fracturas, lo que más preocupa de bazedoxifeno es su perfil de seguridad. Las reacciones adversas más frecuentes fueron sofocos y espasmos musculares (incluidos los calambres en las piernas). También se informó de somnolencia, hipersensibilidad, sequedad de boca, urticaria, edema periférico y elevaciones sanguíneas de triglicéridos y enzimas hepáticas. No obstante, lo más preocupante es que el tratamiento con bazedoxifeno supone un riesgo incrementado de tromboembolismo venoso, similar al observado con raloxifeno. En el informe navarro estiman que se produce un episodio de tromboembolismo venoso por cada 333 mujeres tratadas durante 3 años. De modo que, teniendo presente el NNT de reducción de fracturas mencionado anteriormente, se estima que por cada 5-6 fracturas vertebrales morfométricas evitadas se produce un caso de tromboembolismo venoso profundo.

Al igual que raloxifeno, bazedoxifeno está contraindicado en caso de sangrado uterino inexplicado, en mujeres potencialmente fértiles, en mujeres con cáncer de endometrio y en mujeres con historia de tromboembolismo venoso. No se recomienda el empleo de bazedoxifeno en mujeres que estén en las siguientes situaciones: edad avanzada, obesidad, inmovilización, cirugía, traumatismo mayor y neoplasia maligna. Como dato a destacar, decir que el tratamiento debe suspenderse antes y después de una inmovilización prolongada, como es el caso de una recuperación posquirúrgica o ante un reposo prolongado en cama (atentos a esta cuestión en el momento de la conciliación de la medicación durante el ingreso hospitalario y al aplicar programas de intercambio terapéutico).

Ante la posibilidad de que el perfil de seguridad de bazedoxifeno sea menos favorable de lo que conocemos actualmente, la EMA ha establecido un plan de riesgos que obliga a la realización de estudios post-autorización que investiguen la incidencia y gravedad de los siguientes riesgos potenciales del fármaco: tromboembolismo venoso, ictus isquémico, fibrilación auricular, adenoma y carcinoma renal, empeoramiento, insuficiencia o fallo de la función renal, colecistitis, hipertrigliceridemia, isquemia y tromboembolismo cardiaco, así como su uso en mujeres ancianas.

En estos casos, en los que aparece en el mercado un medicamento que no aporta ninguna ventaja respecto a la terapia existente, nos deberíamos preguntar si es razonable que nuestro sistema sanitario público pague un 50% más por no obtener ningún beneficio adicional en la salud de la población. Sobre todo en una enfermedad como la osteoporosis, en la que, como ya hemos comentado anteriormente, el beneficio de la terapia farmacológica es muy limitado y en donde muchas corrientes de opinión ya están advirtiendo de que hay que cambiar el abordaje terapéutico y centrarlo fundamentalmente en las medidas higiénico-dietéticas y en la prevención de caídas.


17 de abril de 2011

La importancia de los suplementos de vitamina D y la exposición solar en la prevención de las fracturas osteoporóticas

Ahora que la seguridad a largo plazo de los tratamientos con bifosfonatos está más cuestionada que nunca —tras las últimas alertas de farmacovigilancia relativas al desarrollo de osteonecrosis mandibular y de fracturas atípicas de fémur— convendría que recapacitásemos sobre el uso que estamos haciendo de los medicamentos indicados para la prevención de las fracturas osteoporóticas. Máxime cuando dichos problemas de seguridad se unen a una eficacia modesta.

Y no sólo deberíamos preguntarnos si estamos tratando exclusivamente a aquellos pacientes en los que se podría esperar algún beneficio —en función de su riesgo de fractura—, sino también si estamos prestando la suficiente atención a “los hermanos pobres” del tratamiento de la osteoporosis: el correcto aporte de calcio y de vitamina D, y las medidas higiénico-dietéticas en general.

El calcio y la vitamina D son imprescindibles para un correcto desarrollo y mantenimiento del hueso y del esqueleto. En lo que respecta al calcio, este elemento es un nutriente esencial en nuestra dieta y constituye el principal componente del tejido mineral óseo. Por su parte, la vitamina D incrementa la absorción intestinal de calcio y es fundamental para mantener la homeostasis de este en el organismo. En el caso de la vitamina D no sólo es importante la dieta, sino también la exposición solar, dado que la síntesis cutánea por acción directa de de la luz del sol supone el 90% del aporte de vitamina D al organismo.

Los ensayos clínicos con fármacos para la osteoporosis siempre se han realizado suplementando a las mujeres con calcio y vitamina D —de manera que se aseguraba que los pacientes incluidos recibían las cantidades diarias recomendadas de ambos— y, por tanto, no hay constancia de que su eficacia sea la misma sin que se cumpla dicha condición. Por este motivo, siempre se debe valorar la necesidad de emplear suplementos de calcio y vitamina D en mujeres que estén en tratamiento con fármacos para la osteoporosis. Sin embargo, muchos médicos no lo hacen. Por otra parte, la adherencia de los pacientes a estos suplementos es muy baja y buena parte de ellos los abandonan a los pocos meses de iniciar el tratamiento.

En algunas ocasiones, el aporte de calcio en la dieta es el adecuado y no hay necesidad de emplear medicamentos con calcio. Sin embargo, la no suplementación con vitamina D plantea más problemas, ya que los niveles óptimos de vitamina D en el organismo dependen más de la exposición solar que de la dieta. Y, paradójicamente, aunque nuestro país se distingue en general por su clima soleado, existe una importante prevalencia de insuficiencia de vitamina D en la población. Esta situación se agrava en personas mayores —que son las que presentan un mayor riesgo de fractura y, por tanto, son los principales candidatos a tratamiento con fármacos para la osteoporosis—, sobre todo las que no realizan vida activa y pasan poco tiempo expuestas al sol.

Por ello, antes de instaurar un tratamiento con un fármaco para la osteoporosis y en caso de insuficiencia de vitamina D, deben aportarse cantidades suficientes de esta, con el fin de corregir la situación. Y en caso de deficiencia de vitamina D deben aportarse suplementos a las dosis adecuadas —que algunos autores sitúan en torno a las 800-1.000 UI diarias de colecalciferol— conjuntamente con los fármacos específicos para la osteoporosis.

Además, hay que recordar a todas las personas mayores —y en particular a las que estén en tratamiento con fármacos para la osteoporosis— la importancia de una adecuada exposición al sol, de la ingesta de cantidades apropiadas de calcio en la dieta y de la realización de ejercicio físico adaptado a su edad y condición física. Debemos ser conscientes de que las medidas higiénico-dietéticas son fundamentales en la prevención de las fracturas osteoporóticas.

Y, quizás, viendo la escasa efectividad y los problemas de seguridad del abordaje farmacológico en estos pacientes, la asistencia sanitaria debería buscar otra solución: evitar que estas personas se caigan. Posiblemente, esta otra aproximación al problema —en la que es inexcusable la participación de los enfermeros de atención primaria— contribuya en mayor medida y de una forma más racional a la prevención de las fracturas osteoporóticas en las personas mayores.

15 de abril de 2011

Nota informativa de la AEMPS 2011/04: bisfosfonatos y riesgo de fracturas atípicas de fémur

En una entrada del blog del mes de octubre del año pasado, y tras los comunicados emitidos por la FDA y por la agencia reguladora canadiense, ya contábamos que la EMA estaba revisando la relación entre el tratamiento con bisfosfonatos y las fracturas atípicas de fémur. Pues bien, hoy se ha publicado una nota de seguridad en la que la AEMPS informa a los profesionales sanitarios sobre las conclusiones de dicha revisión, que resumimos a continuación:

Los estudios epidemiológicos publicados hasta la fecha con confirmación radiográfica de la fractura atípica sugieren una relación causal entre el uso de bisfosfonatos y la aparición de la fractura, que se incrementaría con la duración del tratamiento. Este tipo de fracturas pueden presentarse sin un traumatismo previo o siendo este mínimo y pueden aparecer semanas o meses antes de una fractura completa de fémur. El mecanismo por el que los bisfosfonatos producirían este tipo de fracturas no está bien determinado, aunque se postula que estaría relacionado con la supresión del recambio óseo que producen estos fármacos.

Por otra parte, la información procedente de las notificaciones espontáneas de sospechas de reacciones adversas indica que, si bien una gran mayoría de los casos se notifican en relación con el uso de alendronato en osteoporosis, también se han notificado casos con otros bisfosfonatos utilizados en esta misma indicación. También, aunque en mucha menor medida, se han notificado casos relacionados con el uso de bisfosfonatos en indicaciones oncológicas y en enfermedad de Paget. Los datos son muy escasos en cuanto a la aparición de fracturas atípicas en localizaciones diferentes al fémur.

Por ello y tras valorar todos los datos científicos disponibles, la EMA ha concluido que las fracturas atípicas de fémur constituyen un efecto de clase de los bisfosfonatos. Y, aunque la EMA ha concluido que el balance beneficio/riesgo de estos medicamentos en sus indicaciones autorizadas se mantiene favorable, solicita que se incluyan advertencias sobre este riesgo en sus fichas técnicas y prospectos, y emite las siguientes recomendaciones para los profesionales sanitarios:

  • Las fracturas atípicas de fémur son frecuentemente bilaterales, por lo que se recomienda examinar ambas extremidades en pacientes tratados con bisfosfonatos que puedan presentar una fractura atípica femoral.
  • Se debería informar a los pacientes en tratamiento con bisfosfonatos de que se pongan en contacto con su médico en el caso de que aparezca dolor en el muslo, cadera o zona inguinal, para una evaluación de la posible presencia de fractura.
  • En aquellos pacientes en los que se sospeche la presencia de una fractura atípica de fémur, se debería considerar la suspensión del tratamiento con el bisfosfonato en base a la evaluación beneficio/riesgo en cada paciente individual.
  • No se ha establecido la duración óptima de tratamiento de la osteoporosis con bisfosfonatos, por lo que se recomienda a los profesionales sanitarios la reevaluación periódica de la necesidad del tratamiento con estos medicamentos en cada paciente, particularmente después de cinco años de tratamiento.

17 de octubre de 2010

Bifosfonatos y fracturas atípicas: ¿estamos tratando sólo a los pacientes en los que el beneficio supera los riesgos?

Los bifosfonatos son los fármacos de elección en el tratamiento de la osteoporosis posmenopáusica y así se recoge en el capítulo de la GFIB publicado hace un año; también lo son en el tratamiento de la osteoporosis inducida por glucocorticoides y en la osteoporosis del varón.

La eficacia de estos medicamentos en la prevención de las fracturas por fragilidad es más bien modesta, mientras que su perfil de seguridad —sobre todo en lo que respecta a los efectos adversos a largo plazo— plantea serias dudas. Los efectos adversos más frecuentes de los fármacos orales son los gastrointestinales: nauseas, dispepsia, dolor abdominal, erosión esofágica. Por su parte, los intravenosos pueden producir fiebre, síntoma pseudogripal, reacciones en el punto de inyección y daño renal. También se conocen otros efectos adversos graves aunque menos frecuentes, como la osteonecrosis mandibular, los trastornos inflamatorios oculares y la fibrilación auricular.

Pero a estos efectos adversos conocidos, se les unen nuevos datos que cuestionan el efecto a largo plazo de los bifosfonatos sobre el hueso. En 2008, la FDA emitía una nota en la que alertaba de casos de dolor musculoesquelético grave en pacientes con osteoporosis tratados con estos medicamentos; el dolor podía aparecer tras días, meses e incluso años después de haber iniciado el tratamiento. Nos lo cuentan también aquí.

Este mes, la FDA y el sistema de vigilancia canadiense han emitido sendas notas en las que establecen una relación entre el tratamiento con bifosfonatos y la aparición de fracturas atípicas de fémur en pacientes con osteoporosis. Este tipo de fracturas de la diáfisis proximal de fémur o subtrocanterianas son muy poco frecuentes, pero se han observado en pacientes que han estado en tratamiento con estos fármacos durante largos períodos de tiempo y se ha descrito que es frecuente que vayan precedidas de dolor en el muslo afectado. La FDA ha obligado a las empresas que comercializan estos medicamentos a que incluyan esta información como advertencia en la ficha técnica, el prospecto y el material de acondicionamiento de los mismos.

Dado que las fracturas parecen estar relacionadas con la duración del tratamiento, una de las recomendaciones que la FDA hace a los profesionales sanitarios es que valoren periódicamente la necesidad de continuar los tratamientos con bifosfonatos, principalmente en aquellos pacientes que llevan más de cinco años tomando el medicamento. Esta cifra de los cinco años posiblemente sea debida a los hallazgos del ensayo FLEX con alendronato, en el que no se observa ningún beneficio en la reducción de las fracturas en las mujeres que mantienen el tratamiento más allá de cinco años en relación con aquellas que lo suspenden en ese momento. Estos indicios de ausencia de beneficio y de posibles riesgos de los tratamientos a largo plazo obligan a reevaluar periódicamente la continuidad de los mismos y a evitar la “cronificación”.

La FDA tiene en marcha una revisión de este grupo farmacológico con el fin de evaluar toda la información acerca de la efectividad y la seguridad a largo plazo y poder así determinar la duración óptima del tratamiento. En el resumen de la reunión del CHMP de la EMA de los días 20 a 23 de septiembre, nos enterábamos de que la agencia europea también tiene previsto revisar los datos sobre los casos de fracturas atípicas y analizar su repercusión en el balance beneficio/riesgo de estos medicamentos, aunque por el momento aún no se ha pronunciado.

Ante estos nuevos datos de seguridad debemos preguntarnos si estamos tratando sólo a los pacientes en los que el beneficio supera los riesgos. Los beneficios vienen dados siempre en forma de reducción de las fracturas por fragilidad y —al igual que pasa con todos los abordajes preventivos— los pacientes con mayor riesgo de sufrirlas son los que más se benefician del tratamiento. Contamos con herramientas que nos permiten calcular este riesgo y seleccionar así los pacientes candidatos a recibir tratamiento farmacológico. Sin embargo, estudios recientes realizados en nuestro país (Amaya y cols.; de Felipe y cols.) ponen de manifiesto que la adecuación de la prescripción de los medicamentos para el tratamiento de la osteoporosis es baja.

Quizás estos nuevos datos de seguridad nos hagan reflexionar y evitemos tratar a aquellos pacientes —en su mayoría mujeres— cuyo riesgo de sufrir una fractura sea pequeño, en las que lo único que conseguimos con el tratamiento es exponerlas a los efectos adversos de los bifosfonatos.