21 de diciembre de 2010

Disease mongering

¿Medicalización de la vida? ¿Exageración o invención de enfermedades? El pasado mes de septiembre, los asistentes al curso impartido por Ray Moynihan en la XXI Escuela de Salud Pública de Menorca se afanaban en buscar una traducción adecuada para este término inglés, que el ilustre periodista y profesor universitario define como el “ensanchamiento” de los límites de la enfermedad orientado a la expansión del mercado de las pruebas diagnósticas o los tratamientos.

En muchas ocasiones, las técnicas de márquetin desdibujan las fronteras entre lo sano y lo patológico, influyendo sobre determinados líderes profesionales y organismos científicos. De esta manera se acaba confundiendo el factor de riesgo con el evento relevante —como sucede con la osteoporosis, en que se acaba tratando la cifra densitométrica en vez de hacer una evaluación global del riesgo de fractura—, se alumbran nuevas categorías para definir el riesgo de un futuro riesgo —prehipertensión— o se exigen objetivos de control inalcanzables en ciertas poblaciones si no es por medio de la combinación encarnizada de múltiples fármacos.

Sin embargo, el márquetin recurre también a otras influencias, como la contratación de actrices famosas anunciando tratamientos para los huesos o las campañas de concienciación del público sobre males infradiagnosticados, que, combinadas adecuadamente con la formación continuada de los profesionales, permiten reciclar fármacos para aplicarlos a enfermedades nuevas: piernas inquietas, fobia social, trastorno disfórico premenstrual, síndrome de la clase turista…

¿Ciencia ficción? ¿Teorías conspiranoicas? A juzgar por la creciente inversión que la industria farmacéutica dedica a la publicidad directa y por los incrementos exponenciales de la venta de moléculas en las que se han aplicado estas técnicas, el fenómeno debe tomarse muy en serio y combatirse de manera global. En este sentido, son imprescindibles la intervención de las autoridades sanitarias, la exigencia de la declaración de conflictos de intereses por parte de profesionales y de instituciones y el desarrollo de un saludable espíritu crítico entre los profesionales sanitarios, los docentes, los periodistas y el público general. Solo este empeño permitirá que la industria farmacéutica dedique lo mejor de sí misma a conseguir avances relevantes para la salud de la ciudadanía.

Editorial de El Comprimido número 20

2 comentarios:

Eusebi dijo...

Plantear la respuesta a esta presión en términos de intervalos de confianza tendría sentido, que se defina lo aceptable de lo no aceptable, que se congelen en la nevera las dudas hasta que haya evidencia y que se deseche lo que es manifiestamente ineficaz o perjudicial. Ello acompañado de establecer límites a lo que se financia con dinero público. Además, se debería hacer contracampaña dirigida a los profesionales sanitarios y a los ciudadanos con mensajes de advertencia sobre los riesgos. Y exijir inexcusablemente la declaración de conflictos de intereses.

El Comprimido dijo...

Muchas gracias Eusebi por tu comentario.
Es lo que pretendemos nosotros con nuestro boletín, la web y este blog: informar a los profesionales sanitarios, de manera objetiva, sobre los beneficios y los riesgos reales de los medicamentos, e intentar realizar una valoración sobre su aportación a la terapéutica de cada enfermedad. De forma que se difunda el conocimiento y se estimule el pensamiento crítico.
No obstante, coincidimos contigo en que también habría que trabajar en informar a los usuarios del sistema sanitario. Ellos también demandan información y la buscan en la Red, y es la manera de trabajar para conseguir el "emponderamiento" de los pacientes.
Gracias, un saludo,